Cooltísimos
Bienvenidos a mi blog
Este será el espacio para publicar "mis tareas" de Lengua y Comunicación, materia del 1º año de la Tecnicatura en Informática que curso en el ISTP
miércoles, 2 de noviembre de 2011
domingo, 25 de septiembre de 2011
Graduarse del Nivel Medio: ¿salto hacia el vacío?
Cuando
egresé del Nivel Medio sentí que caía en un abismo; lo único que había hecho
durante la secundaria era cumplir con las tareas, estudiar para las pruebas, en
definitiva, fui una alumna correcta que obedeció cada uno de los programas
ofrecidos por el sistema.
Pero
después de ingresar a la
Escuela de Lengua y comprobar, primero, que no era mi
vocación y segundo, que no nos habían enseñado a desenvolvernos en forma
independiente, a investigar, a estudiar; me sentí frustrada por toda esa
situación y comencé a buscar trabajo.
Y
fue otra frustración. Porque no sabía llenar un currículum, porque no tenía
experiencia laboral, y tampoco me habían enseñado cómo “venderme” como un
producto útil para la empresa a la cual me estaba postulando.
La finalización del Nivel Medio supone una
crisis para el adolescente ya que en esta instancia debería tener en claro
cuales son sus metas para el futuro, ya sea si planea seguir el Nivel Terciario
o Universitario, o decide trabajar.
La educación secundaria debe formarlos en
competencias tanto generales como laborales. Y ante la debilidad de este tipo
de formación, la experiencia educativa no los habilita lo suficiente para una
inserción productiva y positiva en la
sociedad, por lo cual puede decirse que este “puente” entre la vida escolar y
la vida real, entre el colegio y la educación superior o el trabajo está
quebrado.
Para quienes deciden y pueden continuar con una
educación superior deben enfrentarse a los cambios que implican pasar de un
nivel a otro, lo que Santos Guerra llama “bisagras del sistema” (1990). Desde
la perspectiva sociológica y cultural se pone el foco en las nuevas situaciones a las que tienen que
enfrentarse los alumnos. El tránsito de una institución a otra esencialmente
diferente conlleva cambios en cuanto a la responsabilidad que asume el
estudiante respecto de la organización del tiempo, la toma de decisiones, el
estudio más o menos fragmentado, entre otras características.
Bean (1985) habla, además del desempeño
académico, de los factores psicológicos: las metas, la utilidad de lo aprendido
percibida por el alumno y las interacciones tanto con pares como con docentes.
Estos factores, entre otros, determinarán la
permanencia o deserción del alumno en el nivel superior de enseñanza.
Es por ello que se hace imprescindible un
proyecto donde, en el último año de permanencia en la escuela secundaria, se
pueda orientar al alumno hacia las características de vida futura que desee o
que más le convenga.
Un proyecto que incluya orientación vocacional,
visitas a las universidades e institutos terciarios (sin importar la
especialidad de la escuela a la cual se concurre) donde se puedan presenciar
clases que posibiliten a los jóvenes tomar conciencia de la elección de la
carrera a cursar en un futuro, entrevistas a profesionales para saber si es el
campo de acción donde les interesaría actuar, entre otras actividades. En
cuanto a las posibilidades laborales, implementar materias donde se forme al
alumno para el trabajo y la vida: estrategias de búsqueda de empleo
(elaboración de curriculums, presentación ante una entrevista laboral),
acuerdos con empresas para la realización de pasantías rentadas, etc.
Si bien algunas instituciones educativas privadas
se están ocupando del tema, no ocurre lo mismo en el sector público, donde los
alumnos que culminan este nivel y, si tienen metas claras y son constantes (ya
que, en general, la enseñanza es más limitada que en los establecimientos privados),
lograrán arribar al futuro deseado.
En una sociedad donde se declara cada vez más
que “todo es para todos y todas”, ésta sería una buena oportunidad para
demostrarlo.
martes, 23 de agosto de 2011
Argumentación
Argumentar es una práctica que consiste en dar una serie de afirmaciones para apoyar otra afirmación, es una práctica que debe ser efectuada de tal manera que se garantice que las razones que se ofrecen para aceptar algo sean el elemento principal de esa aceptación.
Cuando se argumenta, lo que se intenta es producir convencimiento en el receptor, fundamentalmente, se argumenta para solucionar las disputas por medios racionales.
En el transcurso de una discusión, los participantes tratan de imponer su posición, y se imponen sólo aquellas afirmaciones que resulten aceptables luego de haber sido sometidas a una discusión. Esta discusión debe realizarse mediante procedimientos que garanticen que la aceptación sea fruto del apoyo brindado por otras afirmaciones ya aceptadas
Las normas que regulan la discusión racional tendrán que ver, al menos, con dos aspectos diferentes de esta práctica.
- Reglas de inferencia: sirven estrictamente para garantizar la obtención de razones que respalden una afirmación a partir de otras afirmaciones. Estas reglas dicen qué debemos inferir a partir de las afirmaciones de las que partimos. Los productos de las prácticas argumentativas se llaman razonamientos. En un razonamiento, la afirmación que se desprende de otras afirmaciones se la llama conclusión. A las afirmaciones que brindan apoyo a la conclusión se las llama premisas. Todo razonamiento tiene una única conclusión y puede tener una o varias premisas. Cumplir con las reglas de inferencia nos permite asegurar que el apoyo de las premisas respecto de la conclusión sea efectuada de manera legítima.
- Reglas procedimentales: indican los roles de quien sostiene la afirmación a debatir y la defiende, por un lado, y de quien se opone o la ataca, por otro. Nos permiten establecer quién tiene el derecho a intervenir en la discusión y quién no, y en qué momento alguno de los participantes de la discusión tiene la obligación de defender con argumentos sus propuestas.
Todo texto argumentativo incluye un tema general, un punto de partida o hecho particular de la reliada queda origen al texto y la posición particular del autor, llamada opinión, hipótesis, perspectiva, etc.
Algunas de las figuras argumentativas más importantes son:ü Metáfora: Establece una relación de identidad total entre dos seres, reflexiones o conceptos, de tal manera que para referirse a uno de los elementos de la metáfora se organiza el nombre de otro. Significa comparar dos elementos sin ocupar nexos.ü Paradoja: es una proposición en apariencia verdadera que conlleva a una contradicción lógica o a una situación que infringe el sentido común. En retórica es una figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción.ü Ejemplo: en este caso, el concepto ejemplo es utilizado para referirse al hecho, clausura o texto que se cita para respaldar determinada afirmación u opinión.ü Anécdota: es una narración corta acerca de un incidente interesante o entretenido. Una anécdota siempre está basada en hechos reales, un incidente con personas reales como personajes, en lugares reales. No obstante, con el correr del tiempo las pequeñas modificaciones realizadas por cada persona que la cuenta pueden derivar en una obra ficticia, que sigue siendo contada pero tiende a ser más exagerada.ü Cita de autoridad: Es el recurso a partir del cual se introducen en el texto las palabras de otro que generalmente es entendido o competente en el tema del cual trata el texto. Generalmente van entre " " (comillas).ü Pregunta retórica: es una pregunta que se hace sin esperar respuesta. Por lo general es parte de un discurso con el propósito de hacer pensar al oyente. Suele expresarse como una afirmación expresada con forma de pregunta que se la formula de modo que el lector entienda el sentido de esa afirmación implícita.
lunes, 25 de julio de 2011
Globalización
El siguiente es un resumen del Módulo didáctico de Historia y Ciencias Sociales La globalización: historia y actualidad, publicado por Alfredo Riquelme Segovia, doctor de Historia, de la Universidad de Valencia, y Michell León Hulaud, Licenciada en Historia, de la Universidad Católica de Chile; disponible en http://www.mineduc.cl/biblio/documento/Modulo_Globalizacion.pdf [citado el 25 de julio de 2011]
¿Qué entendemos por globalización?
¿Qué entendemos por globalización?
Para precisar el concepto conviene revisar diferentes posturas:
El Diccionario de la Real Academia Española define globalización como la “tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales”. En la misma línea, el Fondo Monetario Internacional (FMI) define la globalización como “la interdependencia económica creciente del conjunto de los países del mundo, provocada por el aumento del volumen y la variedad de las transacciones transfronterizas de bienes y servicios, así como de los flujos internacionales de capitales, al tiempo que la difusión acelerada y generalizada de la tecnología”
Definiciones más recientes, provenientes de la propia ciencia económica, han intentado enriquecer el concepto. Es así como para Joseph Stiglitz, la globalización es “la integración más estrecha de los países y los pueblos del mundo, producida por la enorme reducción de los costes de transporte y comunicación, y el desmantelamiento de las barreras artificiales a los flujos de bienes, servicios, capitales, conocimientos y (en menor grado) personas a través de las fronteras.
La globalización ha sido acompañada por la creación de nuevas instituciones y es enérgicamente impulsada por corporaciones internacionales que mueven no sólo el capital y los bienes a través de las fronteras, sino también la tecnología”.
Otras visiones del campo de las ciencias sociales e incluso de las humanidades comparten la apreciación acerca de la preeminencia de lo económico en la globalización.
1. Dimensiones de la globalización
En la actualidad circulan diferentes visiones y valoraciones acerca de la globalización, fenómeno complejo que abarca múltiples ámbitos de la existencia humana contemporánea y que aparece como el proceso más decisivo de la época que vivimos.
Si asumimos que es una etapa de la historia de la humanidad, ¿cuándo se inició?, ¿qué elementos son característicos de ella?, ¿sus características son exclusivas de esta época histórica?, ¿cómo surge este fenómeno?, ¿nos afecta a todos por igual?, ¿es un proceso que se nos impone como una fatalidad histórica o podemos los seres humanos incidir en sus contenidos y en su dirección?
Hay quienes defienden la globalización y tienden a verla como un proceso natural y generador de beneficios al que hay que dejar desarrollarse sin restricciones; están también aquellos que reconocen sus beneficios potenciales y reales, pero que están conscientes de sus limitaciones y, por lo tanto, luchan por reorientar el proceso haciéndose cargo de éste en toda su complejidad; y por último, hay quienes sólo ven en ella un artificio de los países desarrollados para defender sus intereses, que perpetúa las desigualdades y conduce a un caos generalizado. Entre estas posturas existen todos los matices posibles.
La globalización, de una u otra forma, nos afecta a todos. Hoy podemos comunicarnos interactivamente por correo electrónico de manera instantánea con personas u organizaciones situadas en cualquier parte del mundo, disponemos de información inmediata acerca de todo el planeta a través de Internet, consumimos habitualmente productos fabricados en las más diversas partes del mundo; nuestros compatriotas trabajan en empresas transnacionales; nos preocupa la violación de los derechos humanos, los desastres de la guerra o la devastación causada por el terrorismo en países lejanos; y acuerdos comerciales con países y regiones cercanas y lejanas tienen cada vez más efectos en nuestras vidas. Todas estas son realidades relacionadas con la globalización.
La globalización no sólo es un fenómeno complejo por el hecho de influir, de una u otra forma, en todos los ámbitos de la vida humana; sino también porque difiere profundamente en la manera que afecta a los diferentes países del globo y a distintos grupos sociales y étnicos que viven en cada uno de ellos. Por lo tanto, para comprender la globalización, es necesario acercarse a aprehenderla teniendo en cuenta los diversos planos y realidades que la condicionan y sobre los cuales –a su vez – incide, así como también considerar las respuestas particulares que por ello mismo genera.
2. Problemas de la globalización
La intensificación de los intercambios internacionales comerciales y financieros de las últimas décadas ha impulsado el crecimiento de la economía mundial en su conjunto. Por eso, se afirma que el proceso de globalización ha aportado múltiples beneficios a cientos de millones de personas que han mejorado sustancialmente su calidad de vida.
Sin embargo, estos beneficios se han repartido de modo extremadamente desigual. Asimismo, en el marco de la globalización no se ha logrado resolver graves problemas como la pobreza y las desigualdades, el desempleo y el subempleo, la dependencia de los países más débiles de los poderes financieros internacionales, ni se ha logrado evitar que las grandes potencias económicas, como Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, continúen ejerciendo prácticas proteccionistas para preservar los intereses de sus productores.
Con las nuevas tecnologías y con la ampliación de los intercambios internacionales, la globalización ha creado oportunidades sin precedentes de desarrollo y difusión de la riqueza y del bienestar; pero al mismo tiempo, no ha superado, e incluso en algunos aspectos ha agravado las asimetrías que dificultan o bloquean la realización de esas oportunidades de desarrollo y bienestar.
Relaciones asimétricas de poder e inequidad de los beneficios
Las relaciones asimétricas de poder en el mundo
Hoy observamos como muchos países en vías de desarrollo buscan integrarse con mayor éxito a esta dinámica globalizadora y adecuarse al marco que ella exige. Pero, ¿enfrentamos todos los países este desafío en igualdad de condiciones? ¿Quiénes son los que establecen las reglas del juego? ¿Existen globalizadores y globalizados?
A la primera pregunta habría que contestar con un rotundo no, pues la globalización está enmarcada en un sistema de reglas establecido por los centros de poder mundial y por los organismos internacionales asociados a ellos o en los que al menos ejercen una directa influencia, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Basta ver como en un análisis de esta realidad global, desde el punto de vista económico, los países desarrollados venden sus productos en todos los mercados, pero a la hora de ser los países en vías de desarrollo los que van a entrar a los mercados europeos o norteamericano, estos protegen sus mercados en productos que consideran sensibles, como los agrícolas, textiles y el acero. Por otra parte, al convertirse en polos de atracción, los países desarrollados han aumentado progresivamente las restricciones a las migraciones internacionales de personas.
En este sentido, la globalización es “selectiva y abarca las esferas en donde predominan los intereses de los países más poderosos”, reflejando el sistema de poder que prevalece en las relaciones internacionales.
El curso de la historia mundial, sobre todo después del derrumbe del comunismo y la Unión Soviética (1989–1991), confirmó la hegemonía de los sistemas democráticos capitalistas, representados por las tres grandes potencias económicas mundiales: Estados Unidos, Japón y la Unión Europea. En este contexto, la mayor parte de los países en vías de desarrollo han seguido el modelo de economía de mercado que las democracias occidentales han postulado como la única alternativa posible para el desarrollo.
Estas potencias concentran más de la mitad de la producción industrial mundial y la mayor parte de los intercambios comerciales internacionales, que tienden a establecerse más entre ellas mismas que entre Norte y Sur. La persistencia y ahondamiento del abismo entre ricos y pobres es, por lo tanto, en gran medida, el resultado de la reproducción de los mecanismos que perpetúan términos desiguales de intercambio.
La brecha digital y el problema del conocimiento
La globalización abre innumerables puertas para utilizar las nuevas tecnologías a favor del crecimiento de los intercambios comerciales, la ampliación de los mercados y la posibilidad de realizar transacciones y ofrecer servicios a través del globo. No obstante, para acceder a estas oportunidades es necesario contar con la tecnología; pero, además, saber utilizarla.
Esto hace que el conocimiento y la información se tornen imprescindibles y sean el producto más valioso en este proceso globalizador.
Sin embargo, hay una gran desigualdad en las posibilidades que existen entre las personas para acceder a la información, al conocimiento y a la educación.
Este fenómeno se ha denominado la brecha digital, que en otras palabras, es la separación que existe entre las personas, comunidades y países que utilizan las Nuevas Tecnologías de la Información (NTI) como una parte de su vida diaria y aquellas que no tienen acceso a las mismas o que no saben utilizarlas.
Esta brecha digital no es exclusivamente un problema tecnológico, sino que va asociado directamente a factores socioeconómicos y de poder. El antiguo Tercer Mundo se enfrenta a muchos problemas a medida que busca unirse a la revolución digital: una infraestructura pobre, grandes deficiencias en educación y falta de capacidad para innovar en los campos de la alta tecnología.
Hoy en día, más de 40 millones de personas en el mundo utilizan Internet y las cifras se duplican cada año. Sin embargo, en contraste, un gran porcentaje de la población mundial sigue tecnológicamente desconectado respecto a las ventajas electrónicas que están revolucionando la vida cotidiana, el trabajo y las comunicaciones. Baste recordar que la mitad de la humanidad nunca ha hecho una llamada telefónica.
En este marco, también ha aumentado la dependencia tecnológica de los países en vías de desarrollo, pues estos países deben comprar las nuevas tecnologías a altos precios a los países industrializados.
Pero esta brecha digital no se produce sólo entre países. Los computadores, Internet y el correo electrónico han ampliado, al interior de las sociedades, el foso que separa a los ciudadanos que manejan las tecnologías computacionales de los que no lo hacen, a los alfabetos de los analfabetos informáticos.
3. La globalización en debate
La dimensión cultural de este complejo proceso constituye otro de los aspectos en permanente debate. Frente al hecho que la globalización trasciende lo económico y afecta a todas las sociedades de un modo u otro, han surgido con fuerza posiciones que buscan salvaguardar su cultura de lo que consideran destructoras influencias foráneas que llegan simultáneamente de muchos frentes a la vez, principalmente a través de los medios de comunicación masivo o mass media.
También observamos que cada vez son más las voces en el propio Occidente que denuncian que la globalización estaría arrasando con las culturas tradicionales, imponiendo las pautas culturales de los países desarrollados occidentales y principalmente de Estados Unidos. Hay quienes por el contrario, sostienen que la globalización ha inaugurado una nueva era donde diversas culturas estarían recobrando un nuevo espacio, redefiniendo sus identidades.
Tensiones entre la cultura global y las culturas históricas
La globalización de la economía y la revolución de las comunicaciones han estado vinculadas también a una globalización en el ámbito cultural. El fenómeno de la interacción entre las culturas no es nuevo. Históricamente, las distintas comunidades humanas han construido sus culturas e identidades –locales, nacionales o regionales - en contacto con otras culturas, a través del comercio, migraciones o conquistas.
Sin embargo, el continuo proceso de interacción cultural que ha acompañado a la historia de la humanidad, ha adquirido en nuestra época nuevas características.
Las culturas históricas han sido y continúan siendo sometidas a una influencia sistemática, masiva e inmediata de lo que aparece como una cultura global. Esta influencia es ejercida por industrias culturales transnacionales y por los medios de comunicación o mass media que inciden poderosamente sobre las personas, sus ideologías y mentalidades.
Las tensiones entre esa cultura global y las culturas históricas son el resultado de la tendencia del proceso de globalización a imponer pautas sociales, culturales y políticas que muchas veces entran en contradicción con las costumbres, tradiciones o visiones del mundo predominantes en ciertas culturas o pueblos, y que despiertan en ellos por lo tanto, sentimientos de rechazo frente a lo que consideran un peligro para la conservación de sus identidades.
En este sentido, es preciso advertir que no existe una oposición necesaria ni absoluta entre lo que llamamos una cultura global, por una parte, y las que llamamos culturas históricas, por la otra. Las culturas son formaciones históricas y, como tales, sujetas a la transformación permanente a partir de la interacción entre sus dinámicas internas y el contacto con otras culturas
Ahora bien, este intercambio cultural no es equilibrado. Son los países conductores de la economía mundial quienes controlan las comunicaciones internacionales y, por lo tanto, son ellos los que con mayor fuerza imponen sus pautas culturales y dirigen el flujo cultural hacia el resto del mundo.
“El ser humano, para ejercer su derecho a estar informado depende de los medios de comunicación.
En la transmisión de la información a través de los medios de comunicación existen por lo menos dos niveles de subjetividad: el primero consiste en la selección y jerarquización de la información (el comunicador decide primero qué hechos son noticias y deben comunicarse y luego cuáles son importantes y cuáles no, es decir, el lugar o el tiempo que se le atribuye a cada noticia en el medio de comunicación). El segundo nivel de subjetividad es la interpretación de la noticia: el comunicador impregna al hecho con su versión del mismo. De modo que el derecho a estar informado está mediatizado por la subjetividad (o más concretamente por la ideología) del comunicador (...)
La propiedad de los medios de comunicación está sometida desde hace tiempo a un proceso de concentración, que se ha acentuado en los últimos decenios.
(...) Con el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, se han formado grandes conglomerados transnacionales que abarcan la producción y utilización de los soportes materiales: editoriales, periódicos, radiodifusoras, filmes, emisoras de televisión, videos, satélites, medios electrónicos, etc., que dominan también las redes de comercialización y difusión (...)”(Alejandro Teitelbaum “El derecho a comunicarse a la hora de los grandes conglomerados”).
En relación a la homogeneización, en la actualidad muchas cosas posibilitan que las personas nos sintamos parte de una misma comunidad global, pues las nuevas tecnologías han acortado las distancias abriendo la posibilidad que nos interconectemos instantáneamente con cualquier parte del mundo; y los medios masivos como la televisión y el cine promueven modas, pautas de conducta, ritmos, valores –en definitiva, formas de ver el mundo –, que se reproducen a escala mundial.
Uno de los aspectos que mejor refleja este proceso es la creciente tendencia al monolingüismo en las élites globalizadas, en la que el idioma inglés se ha impuesto como una necesidad, puesto que condiciona las posibilidades de usar la tecnología, acceder a la información y realizar transacciones comerciales.
Asimismo, es la lengua que circula en las nuevas fronteras del conocimiento, así como predomina ampliamente en Internet.
No obstante, todas las identidades culturales son una mezcla de aspectos globales y locales. En este sentido, los procesos de cambio cultural y los flujos de conocimiento, cultura o información deben ser interpretados y analizados en un contexto local en lugar de tratar de ubicarlos directamente en un contexto global, puesto que si bien el flujo puede tener un carácter global, las interpretaciones de estos flujos son, en primer lugar, locales.
Los más optimistas creen que la globalización, con el consiguiente intercambio de experiencias e informaciones sin ninguna barrera y en virtud de la revolución en las comunicaciones, fortalecerá la diversidad y las minorías podrán expresar libremente sus diferencias.
Ahora bien, hay otro proceso importante que se está desarrollando, principalmente, en el seno de las sociedades desarrolladas. En ellas han surgido amplios sectores que manifiestan su descontento frente a las consecuencias del actual proceso globalizador, gestándose un verdadero movimiento social que a pesar de la heterogeneidad de sus causas y de sus miembros, tiene como factor común la lucha por solucionar o, al menos atenuar, los problemas derivados de
la globalización.
4. Desafíos de la globalización
Diversidad cultural, migraciones y tolerancia
El término cultura se usa en la antropología para referirse a todas las creaciones materiales, intelectuales y espirituales elaboradas y usadas por las personas, del mundo, de una región de éste o de un lugar determinado. Por eso, es posible hablar tanto de una cultura global o universal, como de la cultura de una vasta área geográfica, de un país o de una localidad. En este sentido, no existen ni pueblos sin cultura ni pueblos con sólo una cultura inherente
La cultura incluye todas las expresiones de la creatividad humana, tales como el lenguaje, las creencias, las costumbres, las organizaciones e instituciones, y todo tipo de creaciones, desde las manifestaciones espirituales como el arte hasta la tecnología. La particularidad de estas manifestaciones es lo que da valor, calidad y singularidad humana a los diversos y numerosos grupos humanos que habitan en el planeta.
En este sentido, uno de los grandes retos del proceso de globalización es abordar de una manera constructiva la diversidad cultural. Cada vez se hace más evidente la necesidad de fomentar el diálogo intercultural y avanzar en la búsqueda de valores compartidos, con respeto y tolerancia a la diversidad.
Las culturas locales y las identidades nacionales siempre han sido construcciones basadas en intercambios, migraciones y conquistas. Es por eso que las culturas “puras” y completamente nacionales no existen. De hecho, a través de toda la historia han existido movimientos migratorios masivos –pacíficos y violentos- motivados por las más diferentes razones.
Ahora bien, la explosión demográfica de la que fue protagonista el siglo XX y la desigual distribución y desarrollo de la población acentuó con mayor fuerza la relevancia de los movimientos migratorios. Los desequilibrios entre los países ricos con una población estable y los países pobres densamente poblados han provocado un extraordinario flujo migratorio hacia las áreas más desarrolladas, principalmente hacia Europa y Estados Unidos. Así, las migraciones han pasado a ser también un aspecto importante de la globalización.
No obstante, este masivo desplazamiento de personas que buscan mejorar sus perspectivas de vida, presenta problemáticas complejas. Si bien, proporciona mano de obra a los países desarrollados, sobre todo, para realizar aquellas tareas más duras o mal remuneradas que sus ciudadanos rechazan; la difícil integración de los inmigrantes en la cultura y modos de vida de los países desarrollados y el auge de movimientos xenófobos son la otra cara de este fenómeno. A ello se suma, el efecto que produce la inmigración ilegal para los inmigrantes legalmente establecidos y la proliferación de mafias que realizan verdaderos tráficos de seres humanos.
Ciudadanía en tiempos de globalización y aspiración a establecer normas universales
Históricamente, los pueblos y los Estados han buscado establecer diferentes tipos de relaciones entre ellos con fines políticos, económicos o culturales, relaciones que muchas veces han sido asimétricas. También históricamente ha habido entre ellos diversos tipos de conflictos, algunos de los cuales han sido resueltos diplomáticamente y, muchos otros, han provocado guerras de diversa magnitud.
Pero es en el siglo XX, cuando las catastróficas consecuencias de las guerras mundiales llevaron a las principales potencias a plantear la necesidad de crear organismos multilaterales para garantizar la paz y seguridad internacionales.
En 1919, una vez finalizada la Primera Guerra Mundial, nació la Sociedad de las Naciones, inspirada en el pensamiento del Presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, cuya misión fundamental era lograr que los conflictos futuros se resolvieran pacíficamente según el derecho internacional. Sin embargo, los intereses nacionales predominaron sobre la aspiración universalista y pronto estalló un conflicto de igual o mayores dimensiones: la Segunda Guerra.
Terminado ese conflicto, con su saldo de cincuenta millones de muertos, nuevamente las naciones intentaron establecer las bases para evitar una nueva catástrofe y consolidar la paz y, con este espíritu fundaron, en 1945, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), organismo que tenía la finalidad de preservar la paz mundial y velar por el desarrollo de los pueblos.
Sin embargo, el respeto a los Derechos Humanos no ha sido uniforme a lo largo del planeta, pues en muchos países han sido avasallados por regímenes no democráticos y en regiones enteras del mundo –como África – la gran mayoría de sus habitantes no tienen garantizados los derechos básicos para la supervivencia.
Por otra parte, el neoliberalismo como ideología sostenedora del actual proceso de globalización centrada en lo económico y, más precisamente, en lo financiero, plantea, de algún modo, la convergencia de todas las economías modernas bajo un único modelo que se reclama universal.
En este sentido, a principios de 1990, tras la caída del Muro de Berlín, en los principales círculos económicos de los países desarrollados y en los organismos internacionales fuertemente vinculados a ellos (FMI y BM) se formularon una serie de medidas de política económica que se transformaron en el nuevo paradigma de referencia y quedaron consagrados en lo que se llamó el consenso de Washington. Estas medidas debían orientar, fundamentalmente, a los gobiernos de los países en vías de desarrollo y a estos organismos internacionales encargados de asesorar y orientar a los gobiernos.
Sin embargo la aplicación de estas medidas no significaron resultados positivos para los países en vía de desarrollo. Esto ha hecho que nuevas voces, inclusive al interior de los organismos gestores del Consenso, estén reformulando sus postulados y estén tomando conciencia de que no existe una única fórmula aplicable a cualquier país para lograr el crecimiento y el desarrollo63. Así, se ha planteado ajustar ‘el remedio’ a la realidad interna de cada sociedad, estableciendo a partir de ella las prioridades y caminos a seguir. Esto último implica sumar a los consensos globales una voluntad globalizada de incluir la dimensión social de las políticas económicas y de buscar la mejor fórmula en cada país para fomentar el desarrollo y un esfuerzo común para combatir los principales problemas de la humanidad.
Se ha configurado también una tensión entre las políticas impulsadas por las organizaciones que administran con plenos poderes la economía global, orientadas a uniformar el pensamiento y las políticas económicas en todos los países del planeta de acuerdo al llamado consenso de Washington o pensamiento único, por una parte; y las políticas orientadas a hacer efectiva la vigencia de los derechos de las personas, incluyendo los derechos económicos y sociales a escala global, en cuanto se entienden como derechos universales, es decir, exigibles para y por todos los seres humanos del planeta.
En síntesis, podemos concluir que todavía falta mucho por avanzar en el establecimiento de normas universales que incluyan lo social, lo jurídico y lo político junto a lo económico, y que, asimismo, respeten la especificidad de cada país y cada sociedad. Establecerlas es imperativo para que el proceso de globalización pueda enfrentar con éxito los nuevos desafíos que impone la era actual, pero también para solucionar las grandes deudas históricas que tiene la humanidad.
Para algunos, el énfasis debe estar en el establecimiento de normas universales para y por una ciudadanía global.
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