Graduarse del Nivel Medio: ¿salto hacia el vacío?
Cuando
egresé del Nivel Medio sentí que caía en un abismo; lo único que había hecho
durante la secundaria era cumplir con las tareas, estudiar para las pruebas, en
definitiva, fui una alumna correcta que obedeció cada uno de los programas
ofrecidos por el sistema.
Pero
después de ingresar a la
Escuela de Lengua y comprobar, primero, que no era mi
vocación y segundo, que no nos habían enseñado a desenvolvernos en forma
independiente, a investigar, a estudiar; me sentí frustrada por toda esa
situación y comencé a buscar trabajo.
Y
fue otra frustración. Porque no sabía llenar un currículum, porque no tenía
experiencia laboral, y tampoco me habían enseñado cómo “venderme” como un
producto útil para la empresa a la cual me estaba postulando.
La finalización del Nivel Medio supone una
crisis para el adolescente ya que en esta instancia debería tener en claro
cuales son sus metas para el futuro, ya sea si planea seguir el Nivel Terciario
o Universitario, o decide trabajar.
La educación secundaria debe formarlos en
competencias tanto generales como laborales. Y ante la debilidad de este tipo
de formación, la experiencia educativa no los habilita lo suficiente para una
inserción productiva y positiva en la
sociedad, por lo cual puede decirse que este “puente” entre la vida escolar y
la vida real, entre el colegio y la educación superior o el trabajo está
quebrado.
Para quienes deciden y pueden continuar con una
educación superior deben enfrentarse a los cambios que implican pasar de un
nivel a otro, lo que Santos Guerra llama “bisagras del sistema” (1990). Desde
la perspectiva sociológica y cultural se pone el foco en las nuevas situaciones a las que tienen que
enfrentarse los alumnos. El tránsito de una institución a otra esencialmente
diferente conlleva cambios en cuanto a la responsabilidad que asume el
estudiante respecto de la organización del tiempo, la toma de decisiones, el
estudio más o menos fragmentado, entre otras características.
Bean (1985) habla, además del desempeño
académico, de los factores psicológicos: las metas, la utilidad de lo aprendido
percibida por el alumno y las interacciones tanto con pares como con docentes.
Estos factores, entre otros, determinarán la
permanencia o deserción del alumno en el nivel superior de enseñanza.
Es por ello que se hace imprescindible un
proyecto donde, en el último año de permanencia en la escuela secundaria, se
pueda orientar al alumno hacia las características de vida futura que desee o
que más le convenga.
Un proyecto que incluya orientación vocacional,
visitas a las universidades e institutos terciarios (sin importar la
especialidad de la escuela a la cual se concurre) donde se puedan presenciar
clases que posibiliten a los jóvenes tomar conciencia de la elección de la
carrera a cursar en un futuro, entrevistas a profesionales para saber si es el
campo de acción donde les interesaría actuar, entre otras actividades. En
cuanto a las posibilidades laborales, implementar materias donde se forme al
alumno para el trabajo y la vida: estrategias de búsqueda de empleo
(elaboración de curriculums, presentación ante una entrevista laboral),
acuerdos con empresas para la realización de pasantías rentadas, etc.
Si bien algunas instituciones educativas privadas
se están ocupando del tema, no ocurre lo mismo en el sector público, donde los
alumnos que culminan este nivel y, si tienen metas claras y son constantes (ya
que, en general, la enseñanza es más limitada que en los establecimientos privados),
lograrán arribar al futuro deseado.
En una sociedad donde se declara cada vez más
que “todo es para todos y todas”, ésta sería una buena oportunidad para
demostrarlo.